lunes, 1 de agosto de 2011

Dicen que el miedo habla de noche


Dicen que el miedo habla de noche
que si lo escuchas
le crecen alas,
y se convierte en el pájaro de la inquietud

Dicen que el pájaro de la inquietud
canta a los muertos
que si lo alimentas
pide por ellos
les habla en su idioma

él te ofrece su perdón, su rostro,
un huesito para gastar a escondidas.
Te exige más semillas.
Y vos,
que no tenés más aliento que la fábula del poema
su dolor, sus contracciones,
que no recobras nada de la vida
tras el sueño,
Qué haces?
Salís a buscarle pan, resurrecciones.
algún alpiste.
Con ramitas de tu culpa le sueldas una jaula
para que no se escape.

Crees en él como en un dios
el señor que pastorea en tus entierros
y come de tu insomnio.

Le basta con que de vez en cuando
le converses,
le hagas escuchar de tus desgracias,
le subas el volúmen por las noches.

Porque el miedo canta de noche,
con el idioma de los muertos
y vos,
lazarillo envuelto en la gloria de su amo,
por algo,
por algo le entiendes.

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Azar y fatalidad
no se parecen.
Uno busca el azar como una llave mágica.
Le hace tomar partido,
le pone una silla,
le deja ofrendas, un vaso con agua,
tabaco, oraciones.
Se paga, se vende, se regala
para obtener de él
una raspadita,
un numerito
de su antojo.

La fatalidad te busca, te elige
es un yuyo que desde el patio
espía tu casa.
Un yuyo que nadie sembró
y que a nadie molesta
pero que un día
crecerá,
será una planta gigantezca
que de pronto
entra a tu casa
por la puerta del fondo.

el fuego que aún queda

El fuego que aún queda no alcanza a encender mi cigarrillo Necesidades y abismos  imitan la luz del día Duermo bajo los efectos...